
Antes de la creación del Mundo, Dios nos predestinó con propósito para nuestras vidas, y para darnos el auténtico sentido del amén (Gn. 1:26-28).
Reflexionándo, me preguntaba la razón de que algunos creyentes, aún sabiendo todas estas promesas, decidan alejarse de Dios. Ésto está sucediéndo a menudo en su pueblo. Es probable
que le estemos abriéndo poco a poco la puerta a un enemigo. Son muchos los creyentes que caen en el lamentable error de dudar de si su vida tiene sentido, ya sea por las dificultades, por las diversas puebas o por nuestros tropiezos; pero sin
embargo, como cristianos, hemos de aceptar que Dios permite que todo ésto ocurra para fortalecernos en el llamado que nos hizo.
De las diversas situaciones que pueden hacernos caer en este error, podemos citar a modo de ejmplo la depresión. Cuando las personas se enfrentan a una depresón, sienten una profunda tristeza, resultado normalmente de la impotencia de no poder hacer nada ante una o varias situaciones confligtivas. Por ello puede experimentarse un sentimiento de desprecio hacia nuestra propia persona, como puede ser el dejar de comer o de ducharse.
Al estar deprimido con frecuencia, nuestra vida espiritual va muriendo lentamente, porque no se siente la fuerza interior necesaria para leer la palabra, ayunar y mucho menos orar. Muchas de las enseñansas que Dios nos a entregado acerca de la depresión, las podemos encontrar en los siguientes pasajes: (Sl. 43:5; Ef. 3:14-20; Fil. 4:11-13). Hemos de aclarar que Tiro era una ciudad gentil situada en Fenicia la Palestina, que se traduce literalmente como "perrillos", ya que el
término griego es igual a Kunaria, de forma diminutiva y puede referirse a perros de caza.
Las heridas que sufrimos cuando nos hacen una ofensa y nosotros mismos no dejamos a nuestro corazón reponerse. Ciertamente hoy en día, Satanás está usándo esta arma para destruir la vida del creyente, porque perdonamos de corazón y sin embargo, dejamos que esta llaga se haga cada vez más grande, hasta transformarse en una raíz de amargura, que deriva en rencor u odio que llega a afectar a nuestra comunión con Dios. Es en ese preciso instante es cuándo Satán nos tienta blasfemar hacia Dios, poniéndole por culpable, por lo que no tenemos ganas de orar, ni de leer la palabra.
A pesar del dolor que puedan causarnos las ofensas de alguien o de muchos, siempre debemos acudir a Dios, nuestro mejor cirujano, para que pueda reparar el daño que estemos padeciendo y tener la actitud de la mujer cananea, porque todos, creyentes y no creyentes, fuimos creados por Dios y Dios ha dado sentido a la vida de los que crean en Él y le sigan.